miedo

Fecha de caducidad.

arms

Diciendo que ya me olía algo no miento ni exagero. Aunque reconozco que a día de hoy todavía no sé el porqué, nadie me avisó ni estaba escrito en ninguna parte, pero mi intuición me decía que esto tenía los días contados.

Pudo ser su actitud, sus enormes ganas de irse a conquistar nuevos lugares y bocas, su poco interés que en las últimas ya ni intentaba disimular y cómo no, su gran temor a las ataduras. Ni siquiera sabía si yo le ataría en algún momento, que yo de cuerda tengo muy poco… Siempre tuve la impresión de que tenía una idea de mí que distaba mucho de la realidad, pero cualquiera le llevaba la contraria…Y aún encima con el tiempo corriendo a su favor.

Y más que con él, intimé con tres grandes conocidos, el dolor, la impotencia y el miedo.

Dolor al no saber si ese beso, abrazo o paseo iba a ser el último. Si alguna vez os dicen eso de: “bésame como si fuera la última vez”, hacedlo siempre como si fuera la primera.

Impotencia porque no había nada que se pudiera hacer, se iba a ir de todas formas y qué podía hacer yo para evitarlo…Conseguir que nazca un sentimiento cuando ni siquiera hay semilla me resulta imposible.

Y miedo, mucho miedo. Miedo a lo que veía venir y a mi reacción una vez que sucediera. Miedo a echarle de menos, o a echarle de más. Miedo a no ser capaz de pasar página, miedo a olvidarle. Miedo a lo desconocido y terror a lo que me aprendí de memoria. Miedo a mí misma, que muchas veces soy mi peor enemiga.

De todas formas me pilló desprevenida, anticipó su marcha e ingenua de mí pensé que había acabado con la agonía, y no hizo más que prender la mecha. Hubiera agradecido un “consumir preferentemente antes de…” para, por lo menos, estar alerta.

Lo nuestro, más suyo que mío, duró lo que él quiso que durara, porque si por mí fuera, ahora mismo no estaría escribiendo estas líneas.

Lo nuestro, muy a mi pesar, tenía fecha de caducidad.

T.

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La ciudad.

back

Hace frío, pero por lo menos no llueve. Caminamos a paso ligero fijándonos en todo lo que nos rodea, sin perder detalle. Hablando como cotorras como de costumbre y con nuestros repentinos ataques de risa paseamos las calles. Ya me he olvidado del frío, y de ti…casi.

Paramos a repostar, necesitamos un café, demasiadas horas en pie, falta de horas de sueño pero no de conversación. Hablamos de lo que hemos visto, lo que nos queda por ver, intentamos arreglar el mundo, y sí…hablamos de ti.

Porque desde que aterricé tengo este nudo en el estómago. Porque sé que respiramos el mismo aire, aunque como siempre, tan cerca pero tan lejos. Porque ya te he confundido con un par de espaldas. Porque no puedo pasar por una calle mítica de la ciudad sin pensar que tu la recorres casi a diario, o que seguramente habrás paseado por ese parque.

walk

Porque se me para el corazón si pienso en encontrarte así de repente, sin aviso.

Ellas me preguntan qué pasaría si te viera, y como siempre, me hago la dura quitándole importancia y perdiendo aliento.

Pero…¿Qué pasaría? No lo sé, nunca sé lo que va a pasar contigo. Tal vez desilusión, tal vez indiferencia, tal vez esas ganas de lanzarme a tu boca…Tal vez lo de siempre. Esa mezcla de tristeza y euforia, de querer saber e ignorar al mismo tiempo, de valentía al querer ver esa temida realidad y terror por descubrirla, porque verte con alguien sería el peor jet lag que se pueda tener.

Me quedo con que por un par de días nos despeinó el mismo viento, sentimos el mismo frío y nos cegó el mismo sol.

Me quedo con que por una vez coincidimos en algo.

T.

“Out of breath, I am left hoping someday I’ll breathe again”