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La de los domingos.

Empezó como si nada, os conocisteis y empezasteis a hablar. “Un capullo más”, pensaste y un futuro dolor de cabeza ignorabas…
Te hacía gracia cuando te escribía y mostraba interés, ya sabes, la novedad. Si lo veías bien pero si no, tampoco pasaba nada. No ocupaba tu pensamiento y si lo hacía, era en los momentos en que no había otra cosa con la que perder el tiempo.

Os veíais de vez en cuando, sin ataduras ni etiquetas y sin llamar la atención. Había química pero controlando para evitar que alguno de los dos quisiera algo más. Y tú tan tranquila y segura, porque a ti, la dama de hierro, no te iba a volver a pasar. Ingenuos los que creían que alguien derribaría ese muro que habías levantado con tanto dolor y decepción. Ingenua tú, por pensar que aguantaría en pie para siempre…

 

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Así que como siempre, de repente y sin aviso, centrada en su estabilidad, empiezas a notar como tiemblan los cimientos y puede caerse en cualquier momento esa fachada. Porque ya no eres tan dura y hasta parece que estás sintiendo no sabes el qué. Porque sí, parece que la historia se repite.

Cuando piensas en un futuro y ni estás en su presente.

Cuando no saber de él te amarga el día y verlo lo soluciona todo.

Cuando miras el móvil con la esperanza de que haya dado señales de vida sabiendo de sobra que no te llevarás ninguna sorpresa.

Cuando se ha metido por algún recoveco que quedó sin tapar y tú, que ni te has enterado, ahora piensas en lo jodido que va a ser sacarlo de ahí.

Cuando quieres ser la de los martes, miércoles o viernes, la de las alegrías y fiestas pero también la del consuelo y la compañía. Y tan sólo eres la de los domingos, a la que llama cuando está aburrido y no tiene plan previsto o posible.

Cuando quieres que se acuerde de ti, que muestre interés y su gran aliado el silencio ni te dirige la palabra.

Cuando te alejas por esa manía tuya de no molestar y tu ausencia pasa desapercibida.

Cuando te has quedado sin paciencia y ganas y querer ya no es suficiente.

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Porque sí, parece que la historia se repite. Pero está en tu mano hacer que esta vez sea diferente. No te empeñes en cambiarle o intentar que haga lo que no le nace, porque solo sería un engaño. Será que no es el momento, será que no es él…

Llorarás, ya lo estás haciendo. Dolerá, seguro. Tardarás en olvidar, por supuesto. Pero, ¿acaso te vas a asustar ahora? Coloca ese ladrillo que ha caído y sigue tu camino hasta que alguien te convierta en la chica de todos sus días y no tenga que haber pena para que valga. 

Porque querer compensa cuando eres correspondido y si no compensa, es que estás queriendo a quien no se lo merece.

 

 

R.

Día del Espectador nº 2

Segundo día del espectador! Muchas gracias por el cálido recibimiento que tuvo la primera sesión! Hoy toca una especie de consultorio, no somos psicólogas ni pretendemos serlo, tan sólo unas amigas más que dan su opinión o aconsejan según los tropiezos sufridos. Las historias se pueden contar de muchas formas y aunque los amigos siempre está ahí para apoyarnos, ayuda mucho leer opiniones y vivencias de otras personas. Seguramente muchas y muchos os sentiréis identificados con el relato de Ana. Agradecemos que comparta su “quebradero de cabeza” con todos nosotros y después le dejaremos nuestro punto de vista, déjale el tuyo en los comentarios! 🙂 letter

“Mi nombre es Ana y soy una de las tantas chicas que no es correspondida y a la vez mareada por un chico. Nos conocimos en la facultad por un amigo en común y desde el principio hubo una conexión especial, una sensación como si ya lo conociera de antes…Tenemos gustos parecidos, siempre estamos de risas, hablamos de cualquier tema sin problema. Tengo que reconocer que para mí siempre fue diferente y no un amigo como los demás. Aun así nunca le di muchas vueltas porque no lo veía posible.  Todo iba bien hasta que una noche en una fiesta me besó, estaba bastante cariñoso y yo le acabé confesando lo que sentía, entonces se apartó con un “buff que hacemos? se nos están subiendo las copas a la cabeza”, y eso que yo ni había bebido. Al día siguiente actuó como si no pasara nada, pero a partir de ese momento todo fue diferente.  Yo ya no lo veo igual, lo tengo en la cabeza todo el rato, adoro estar con él pero hay días que llego a casa y me pongo a llorar como una tonta. Ya no hablamos de todo, porque el evita contarme si estuvo con alguna chica (por un lado lo agradezco) y yo la verdad no tengo mucho que contar…Pero si por casualidad alguno se me acerca ahí está él para espantarlo y decirme: “eres mucho para él” o “te mereces algo mejor”.  Vale que cuando sentimos algo por alguien, alguien tan cercano con el que tienes confianza puedes malinterpretar gestos o confundir señales pero…Yo (que no soy la seguridad en persona) tengo la sensación de que siente por mí pero no lo admite, o le da miedo o yo que sé…Siempre dice que no quiere pareja, que se agobia fácilmente…Pero conmigo habla todos los días, varias veces y si no nos vemos no tarda en quejarse. El sabe lo que hay, porque tengo claro que recuerda lo que le dije esa noche y porque se me nota demasiado.  Si os cuento esto es porque estoy hecha un lío y no sé muy bien por donde tirar. Vosotras siempre habláis de estos temas con naturalidad y sin rodeos y es lo que necesito.  Mi dilema es si debo dejarlo estar y que con el tiempo se me pase o conozca a un chico que me haga olvidarlo, porque no quiero perderlo como amigo. O si debo alejarme y tal vez en un tiempo cuando ya no sienta nada retomar la relación. Haga lo que haga tengo miedo, de perderlo por alejarme o de perderlo por aguantar y que eso afecte a lo que tenemos. Puede parecer una tontería, pero me afecta en mi día a día y me agobia demasiado. Ya lo estoy pasando mal, así que estoy preparada para las consecuencias que tenga la decisión que tome.”

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Lo primero, para nada es un tontería lo que cuentas, el tema amoril es así! Nos puede dar muchas alegrías pero también muchos disgustos. Es muy doloroso querer a alguien y que no te corresponda. Pero sentir que tal vez lo hace pero no se atreve es todavía peor, porque tú que quieres gritar a los cuatro vientos todo lo que tienes dentro no entiendes qué es lo que le frena a él.
Lo que cuentas del “agobio” es tan habitual… Agobio por la privación de libertad, las etiquetas, los cambios y agobio por el propio agobio. Muchas veces las personas se agobian con sus propios pensamientos o imaginación, que la carga el diablo. El querer controlarlo todo nos impide disfrutar de lo que surge sin pretenderlo, como por ejemplo conocer a una persona especial o enamorarnos.
Sabemos por experiencia lo que es querer a alguien y seguir viéndolo porque “somos amigos” (una mierda), todos tenemos ese momento de querer actuar con normalidad. Me río con tus bromas, finjo que no he visto tu foto de perfil con otra y que no me importa que te “wasapees” con ella delante de mis narices. A no ser que estés haciendo prácticas de arte dramático, recomendamos huir de esto, porque es bastante perjudicial.
Es gracioso cuando tu dices que igual “se te pasa” como si de un resfriado se tratara…Ojalá con un frenadol te lo quitaras de encima! Por desgracia lleva más tiempo del que parece, depende de la persona y la situación pero…Debes ser egoísta, porque él lo está siendo, ya sabes…Ni contigo ni sin ti.
Nuestro punto de vista es que tal vez deberías dejar correr el aire, tampoco nos referimos a cortar por lo sano pero sí algo de distancia. El lo tiene que entender y tu verás como poco a poco la cosa mejora. Si como cuentas hay esa conexión especial entre los dos, no se va a fastidiar vuestra amistad. Eso sí, que no te maree, porque seguramente te echará de menos y quiera verte y a lo mejor creo que siento algo pero no sé…Y después con una copita de más…Quita, quita. En ese caso, salida de emergencia y bloquea, ignora o evita lo que haga falta, porque es un círculo vicioso en el que cuesta mucho mantenerse y salir ni te cuento… O eso nos han contado 😉
Como siempre, la brevedad es nuestro fuerte jaja, esperamos que esta biblia te sirva para arrojar un poco de luz, aunque si esto te ha servido para desahogarte nos quedamos más que satisfechas!

Declaración de Intenciones

Antes de nada, decirle que vengo en son de paz y con intención de quedarme. No voy a ser pelota, no tengo intereses ocultos ni estoy aburrido y sin ninguna duda, no tengo un plan mejor.

Tengo muy claro esto desde hace tiempo y hoy me decido a dar el paso, es cierto que he sido un cobarde en muchas ocasiones, pero dicen por ahí que nunca es tarde…O tal vez sí, porque fui un capullo, sólo me queda jugar mi última carta. Sé que no tengo derecho a pedirle nada, pero ella siempre me ha dicho que soy un caradura, así que aprovecho, me gané el título a pulso.

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Quiero que una cosa quede muy clara, nunca fue mi intención hacerle daño, no fue premeditado todo lo que le hice pasar, no intento excusarme, soy así de gilipollas. En el fondo estoy desarmado, sin argumentos, ella no puede tener más razón en todo lo que me reprocha.

Lo acepto, soy culpable.

Por haber sido el único que consumió su enorme paciencia, por tenerla esperando sin saber qué esperar, por hacer que cediera cuando no debía y sobretodo por hacerla sufrir.

Me acostumbré a tenerla ahí, daba por hecho que estaría siempre esperando mi llamada o mensaje, preparada para luchar contra cualquier adversidad por mí, como si no tuviera otra cosa mejor que hacer…La tenía delante de mis narices y aun así, no la veía, sólo cuando me convenía, ya sabes, ceguera esporádica. Suponía lo que ella sentía, pero me lo negaba a mí mismo para no sentirme culpable, y ahora la culpa me tiene atado. Para que veas la ironía, el que tenía pánico a las ataduras…

Debo darle las gracias, por quererme como ninguna. Por decirme siempre lo que no quiero escuchar, por abrirme los ojos y sobretodo, por demostrarme que soy como el resto de los mortales. Resulta que sí, necesito a alguien, y no a cualquiera, la necesito a ella.

Se esfumó y yo lo permití haciendo lo mismo. Al principio no sabía qué coño pasaba, estaba vacío, por muchas que conociera faltaba algo, hasta que supe que ella es la pieza que me falta. Sí, tuvo que irse para darme cuenta de lo que perdía y con ella perdí también mi parte que valía la pena.

Con esto no intento convencerla, la cagué mucho, muchísimo. Sólo le pido que piense en lo bueno que por muy poco tiempo tuvimos, las risas, los vaciles, los cafés nocturnos y los besos interminables. Porque aunque sé que ella lo duda, eran verdaderos. Que recuerde cómo era conmigo y sobretodo, lo que me hacía ser a mí.

Y por favor dile que no haga caso a eso de que “las segundas partes nunca fueron buenas” porque, a veces, son incluso mejores.

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Prometo que de eso me encargo yo, aunque sé que mis promesas no valen nada, también sé que le van los retos y los casos difíciles, no me lo puede negar. Ella no tendrá que hacer nada, aquí el que se lo tiene que currar soy yo. Me esforzaré para que tenga siempre una sonrisa, para que sus lágrimas sean de felicidad, para que deje a un lado las dudas e inseguridades y siempre, no importa la distancia, me sienta a su lado.

Poco más puedo decir, sé que lo tengo complicado, pero he dejado a un lado el jodido orgullo, nunca me ha servido de mucho, además se lo debo. No voy a ser el chico de película, ni el príncipe azul… Sólo aspiro a ser el hombre de su vida.

Entiendo que no quiera saber nada de mí, pero si estoy haciendo esto es porque algo me hizo pensar que tengo una posibilidad, creo recordar que fueron sus ojos.

Cuando le presentes mi declaración, dile que espero ansioso su sentencia, que se tome todo el tiempo que quiera, que me haga sufrir.

Como si tengo que esperarla toda la vida, si no es con ella, ya no me voy a ninguna parte.

T.

Mil Vueltas.

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Cuántas veces habré jurado que estaba mejor sin ti, que no necesitaba tus migajas de afecto, que eras el peor, que vendría uno para quedarse y te daría mil vueltas…Pues aquí sigo, y la que da mil vueltas soy yo.

Y aun siendo limosna, lo que tu me dabas no me lo han dado, ni lo han intentado. Interés fingido, conversaciones vacías, sonrisas forzadas y actuaciones varias. Y como actor te prefiero a ti, que más o menos ya controlaba tu guión.

Y no te justifico, lo hacen ellos.

Los que no consiguen hacerme reír a carcajadas, los que no consiguen que pierda la noción del tiempo, los que no consiguen erizarme la piel, los que no consiguen ponerme nerviosa pero sí de los nervios.

Que sí…Que es lo de siempre, sí contigo no sin ti.

Pero que no lo tienen tan difícil, no eres insuperable…Tan sólo un poco imprescindible. Y ellos me llevan la contraria diciendo que nadie lo es y desaprovechando la ocasión para demostrarlo.

Y no te culpo a ti, les culpo a ellos. Porque si hubieran querido ahora mismo serías un leve recuerdo y no un pasado presente.

Y me culpo a mí misma. Porque te quiero de vuelta aunque no lo reconozca, porque has conseguido que mi coherencia esté en continua contradicción. Porque siempre vuelvo a las andadas.

Ahora es cuando mi vena masoca se está frotando las manos, porque volvió a hacer de las suyas y consiguió su propósito.

Porque echarte de menos ya es un hábito y echarte de más una necesidad. Y ya sé que apenas me recuerdas y tengo muy claro que no vas a volver. Nadie se sabe la lección mejor que yo, no hace falta que me la recuerden.

Por mucho que se empeñen nunca dejarás de ser mi inquilino, por cierto, aquí todo sigue como estaba, por si algún día te apetece pasarte. Me gustaría decirte por cuanto tiempo, ojalá lo supiera…Aunque de una u otra forma para ti siempre habrá alojamiento.

Así que nada…Que aquí sigo, y la que da mil vueltas soy yo.

T.

Fecha de caducidad.

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Diciendo que ya me olía algo no miento ni exagero. Aunque reconozco que a día de hoy todavía no sé el porqué, nadie me avisó ni estaba escrito en ninguna parte, pero mi intuición me decía que esto tenía los días contados.

Pudo ser su actitud, sus enormes ganas de irse a conquistar nuevos lugares y bocas, su poco interés que en las últimas ya ni intentaba disimular y cómo no, su gran temor a las ataduras. Ni siquiera sabía si yo le ataría en algún momento, que yo de cuerda tengo muy poco… Siempre tuve la impresión de que tenía una idea de mí que distaba mucho de la realidad, pero cualquiera le llevaba la contraria…Y aún encima con el tiempo corriendo a su favor.

Y más que con él, intimé con tres grandes conocidos, el dolor, la impotencia y el miedo.

Dolor al no saber si ese beso, abrazo o paseo iba a ser el último. Si alguna vez os dicen eso de: “bésame como si fuera la última vez”, hacedlo siempre como si fuera la primera.

Impotencia porque no había nada que se pudiera hacer, se iba a ir de todas formas y qué podía hacer yo para evitarlo…Conseguir que nazca un sentimiento cuando ni siquiera hay semilla me resulta imposible.

Y miedo, mucho miedo. Miedo a lo que veía venir y a mi reacción una vez que sucediera. Miedo a echarle de menos, o a echarle de más. Miedo a no ser capaz de pasar página, miedo a olvidarle. Miedo a lo desconocido y terror a lo que me aprendí de memoria. Miedo a mí misma, que muchas veces soy mi peor enemiga.

De todas formas me pilló desprevenida, anticipó su marcha e ingenua de mí pensé que había acabado con la agonía, y no hizo más que prender la mecha. Hubiera agradecido un “consumir preferentemente antes de…” para, por lo menos, estar alerta.

Lo nuestro, más suyo que mío, duró lo que él quiso que durara, porque si por mí fuera, ahora mismo no estaría escribiendo estas líneas.

Lo nuestro, muy a mi pesar, tenía fecha de caducidad.

T.

Promesas incumplidas.

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Prometí no volver a pensar en ti.

Prometí no flaquear al verte, contener la risa nerviosa y hacerme la indiferente.

Prometí no sorprenderme cuando dieras señales de vida después de un eterno letargo.

Prometí ignorar tus mensajes.

Prometí no confiar en ti.

Prometí no ceder.

Prometí aprender a caminar con la cojera.

Prometí no volver a nombrarte en ninguna conversación.

Prometí no imaginar qué estarás haciendo o…con quién.

Prometí hacerme a la idea de que sólo fuiste uno más, haciendo de mí algo menos.

Prometí no compararte con otros, aunque ninguno me dé lo que tu me diste o lo que me tenías que haber dado.

Prometí que dejarías de doler.

Prometí no derramar ni una lágrima o sonrisa más al recordarnos.

Prometí no envidiar lo poco que un día hubo.

Prometí no tener celos de lo que pudo ser.

Prometí no desear que estuvieras aquí.

Prometí no quererte de vuelta.

Me prometí olvidarte…

Y aquí seguimos, yo incumpliendo mis promesas y tú, de nuevo protagonista.

Prometí no prometer. Y continúo faltando por enésima vez a mi palabra y a mí misma.

Prometo que un día dejaré de autoengañarme con falsas promesas, pero mientras seguiré haciéndolo en vano, es una más de las secuelas que me has dejado.

T.

Algún día.

Que no sé si fuiste sueño o realidad. Que el cariño hizo el roce. Que me quemé bastantes veces sin tocar el fuego y otras muchas tu fuego me daba escalofríos. Que siempre podía ser la última vez. Que te hubiera dicho tantas cosas y al mismo tiempo nunca supe que decirte. Que conocía tus miradas pero eras un extraño. Que nunca conseguí entenderte. Que no sé si te quise, que no sé si te quiero. Que lo posible enamora y lo imposible envenena. Que busco a quien besar para olvidarte, cuando antes me olvidaba de todo besándote.

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Que tu fin fue el principio de mi odisea. Que tu ausencia te hace más presente. Que terminaré olvidándote, que dejaré de fingir. Que ya no habrá escalofríos en pleno agosto. Que algún día serás una anécdota, un aprendizaje y no un fracaso. Que ni recordaré todo lo que quería decirte. Que ya no besaré para olvidarte, besaré porque te he olvidado.

Que algún día necesitaré un “con alguien”, pero por ahora me conformo con un “sin ti”.

T.