Mes: abril 2015

Donde quiera que estés.

Es una sensación extraña, me voy haciendo a la idea aunque no consigo asumirlo.

Te marchaste así, de repente, sin previo aviso, sin despedirte. Tenías tanta prisa por viajar que te fuiste con lo puesto y sin billete de vuelta.

Ligero de equipaje, porque no hubieras podido llevarte todo lo que aquí dejas. Amor, mucho amor. El que repartías sin pedir nada a cambio. Siempre pendiente de todos, con una sonrisa y un buen gesto. No podías evitar preocuparte por los problemas ajenos porque los hacías propios, llegando a quitarte horas de sueño… y de vida.

Estuviste siempre, en lo bueno pero sobretodo en lo malo. El primero en llegar y de los últimos en marcharse. A veces pienso que hubiera pasado si en ciertos momentos no hubieras estado presente y me encuentro con la nada. Nunca faltó tu llamada cada cumpleaños, tu risa en las celebraciones y tus detalles durante toda mi vida.

“Mi corazón” como tu me llamabas, palpita un poco más lento desde que te fuiste. Tu corazón, que no te cabía en el pecho, seguirá latiendo donde quiera que estés.

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No tengo duda de que él te recibió con los brazos abiertos. Si te puedo pedir un último favor, dale el beso que no pude darle. Ahora os haréis compañía, seguro que ya habéis echado alguna partida a las cartas, retomando viejas costumbres.

Estoy convencida de que los dos velaréis juntos por los que andamos por aquí. Él lleva haciéndolo desde que se marchó, que no crea que no me doy cuenta. Seréis los grandes ausentes en esos momentos donde vuestra presencia es imprescindible, que te cuente su truco, porque no sé como se las arregla para hacerse sentir tan fuerte.

Todo irá volviendo a la normalidad con el tiempo. Seguramente quieras meternos prisa, pero poco a poco. Yo te prometo que pondré de mi parte y volveré a estar bien, como a ti te gustaría. Ahora sí, no echarte de menos es un imposible. LLegará el día en que recordarte no duela y tal vez hasta dibuje una sonrisa.

Me despido como me gustaría haberlo hecho, dándote las gracias. Por quererme como sé que lo hacías, por tu cariño, por tu atención…Por haber sido y haber estado. Nunca te olvidaré, no sólo porque crecí a tu lado. También porque me demostraste que no es necesario compartir la misma sangre para sentir a alguien de tu familia y que te quieran más incluso que algunos que comparten tu apellido.

Donde quiera que estés no sufras por el dolor que estás viendo, es el efecto colateral de tu marcha. Donde quiera que estés toca descansar, te lo has ganado.

Donde quiera que estéis.

T.

Etiquetas.

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Pecas, pelo encrespado, cadera pronunciada, pies grandes, lunares, cintura ancha, culo carpeta, mucho pecho, estrías, orejas de soplillo, cejas anchas, ojos saltones, despigmentación, palidez, pelo fino, michelines, celulitis, dientes grandes, nariz ancha, mucho vello, piernas cortas, pecho tabla, culazo…

Bingo!! O línea!! Algo me ha tocado…Tengo varias de esta lista.

Todos sabemos que la perfección no existe (por suerte) pero hay personas que siguen buscándola, un ole por su constancia. Pero, en serio, imaginaros que existiera, sería un coñazo! Todos iguales y simétricos. Quita, quita…Que aburrimiento.

Hoy en día nos venden lo de aceptar nuestros defectos, quiérete tal y como eres, el físico no lo es todo, acéptate… Y está muy bien comparto la idea, pero, ¿es cosa mía o da la impresión de que están transmitiendo todo lo contrario? Si a continuación de esa “subida de moral” me dicen que hay un nuevo término con el que se denomina a las “chicas como  yo”. Ibas bien, en serio, pero ya la has cagado.

Ahí está el problema, las p**** dichosas etiquetas. Los hay que se aburren mucho y no paran de inventarse nuevos términos, alguien que no conoce la existencia de los post-it para etiquetarse de pies a cabeza.

Una chica con curvas no es una chica normal, es curvy. Un chico con barba y gafas de pasta es un hipster, pero si lo pillas con camisa de cuadros y encima tiene el pelo largo ya es un lumbersexual, preparado para ir a cortar un árbol al bosque cuando lo desees. ¿Alguien da más? Corten el rollo!

Esa manía de etiquetar y clasificar todo, incluso las características de una persona, tenemos el nombre de adorno…Todos tenemos nuestras cosas. Algunos lo verán como defectos, otros como una cualidad que les hace diferentes. Hay aspectos que podemos mejorar si queremos pero otros no. Ya sé que todos tenemos complejos, pero hay que aprender a vivir con ellos e intentar aceptarlos si no queremos estar eternamente enfadados con nosotros mismos.

Tienes que ser lo que TU quieras ser, porque lo crees y te sientes bien con ello. Nunca, NUNCA, hagas algo porque los demás quieren. Si quieres cambiar por tus amigos, mándalos a paseo. Si quieres cambiar por tu pareja, déjala. Y pensarás: menuda solución, me quedo solo…Pues tal vez, pero teniendo a personas a tu lado que no te valoran tampoco te estás perdiendo mucho…

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Me parece una lástima que ciertos comentarios u opiniones de personas sean granadas derribando autoestimas. Que aumenten complejos y creen inseguridades. Esas personas que necesitan juzgar a los demás porque por lo visto con lo suyo no tienen suficiente.

Cada uno tiene algo que ofrecer, y eso, es lo que hay que cuidar, explotar y mantener, porque eso es lo que nos hace diferentes y valiosos. Conserva tus peculiaridades, rarezas, defectos y gustos, porque son tu esencia. Piensa en si lo que haces, la vida que llevas y tu entorno te hace feliz, y si no es así, cámbialo, pero repito, por ti.

La belleza depende de los ojos del que mira. Si hay ciegos que no quieren ver, allá ellos!

Ya hay demasiadas cosas por las que sufrir y preocuparse, no permitas que nadie te haga sentir mal por la ropa que llevas, el color de pelo o la talla que usas. Aunque intenten disimularlo, la mayoría de los que se creen con derecho a dar consejos de vida, son los más infelices y tienen que darnos el coñazo para distraerse. Así que, va por ellos también, que se apliquen el cuento.

Por si las fly aclaro, esto va para vosotras y para vosotros. Sé que es un tema complicado que tiene mucho carrete pero creo que se entiende el concepto ¿no?

Intenta ser feliz con lo que eres y tienes, la vida pasa muy rápido para malgastar el tiempo coleccionando etiquetas 😉

R.

Declaración de Intenciones

Antes de nada, decirle que vengo en son de paz y con intención de quedarme. No voy a ser pelota, no tengo intereses ocultos ni estoy aburrido y sin ninguna duda, no tengo un plan mejor.

Tengo muy claro esto desde hace tiempo y hoy me decido a dar el paso, es cierto que he sido un cobarde en muchas ocasiones, pero dicen por ahí que nunca es tarde…O tal vez sí, porque fui un capullo, sólo me queda jugar mi última carta. Sé que no tengo derecho a pedirle nada, pero ella siempre me ha dicho que soy un caradura, así que aprovecho, me gané el título a pulso.

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Quiero que una cosa quede muy clara, nunca fue mi intención hacerle daño, no fue premeditado todo lo que le hice pasar, no intento excusarme, soy así de gilipollas. En el fondo estoy desarmado, sin argumentos, ella no puede tener más razón en todo lo que me reprocha.

Lo acepto, soy culpable.

Por haber sido el único que consumió su enorme paciencia, por tenerla esperando sin saber qué esperar, por hacer que cediera cuando no debía y sobretodo por hacerla sufrir.

Me acostumbré a tenerla ahí, daba por hecho que estaría siempre esperando mi llamada o mensaje, preparada para luchar contra cualquier adversidad por mí, como si no tuviera otra cosa mejor que hacer…La tenía delante de mis narices y aun así, no la veía, sólo cuando me convenía, ya sabes, ceguera esporádica. Suponía lo que ella sentía, pero me lo negaba a mí mismo para no sentirme culpable, y ahora la culpa me tiene atado. Para que veas la ironía, el que tenía pánico a las ataduras…

Debo darle las gracias, por quererme como ninguna. Por decirme siempre lo que no quiero escuchar, por abrirme los ojos y sobretodo, por demostrarme que soy como el resto de los mortales. Resulta que sí, necesito a alguien, y no a cualquiera, la necesito a ella.

Se esfumó y yo lo permití haciendo lo mismo. Al principio no sabía qué coño pasaba, estaba vacío, por muchas que conociera faltaba algo, hasta que supe que ella es la pieza que me falta. Sí, tuvo que irse para darme cuenta de lo que perdía y con ella perdí también mi parte que valía la pena.

Con esto no intento convencerla, la cagué mucho, muchísimo. Sólo le pido que piense en lo bueno que por muy poco tiempo tuvimos, las risas, los vaciles, los cafés nocturnos y los besos interminables. Porque aunque sé que ella lo duda, eran verdaderos. Que recuerde cómo era conmigo y sobretodo, lo que me hacía ser a mí.

Y por favor dile que no haga caso a eso de que “las segundas partes nunca fueron buenas” porque, a veces, son incluso mejores.

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Prometo que de eso me encargo yo, aunque sé que mis promesas no valen nada, también sé que le van los retos y los casos difíciles, no me lo puede negar. Ella no tendrá que hacer nada, aquí el que se lo tiene que currar soy yo. Me esforzaré para que tenga siempre una sonrisa, para que sus lágrimas sean de felicidad, para que deje a un lado las dudas e inseguridades y siempre, no importa la distancia, me sienta a su lado.

Poco más puedo decir, sé que lo tengo complicado, pero he dejado a un lado el jodido orgullo, nunca me ha servido de mucho, además se lo debo. No voy a ser el chico de película, ni el príncipe azul… Sólo aspiro a ser el hombre de su vida.

Entiendo que no quiera saber nada de mí, pero si estoy haciendo esto es porque algo me hizo pensar que tengo una posibilidad, creo recordar que fueron sus ojos.

Cuando le presentes mi declaración, dile que espero ansioso su sentencia, que se tome todo el tiempo que quiera, que me haga sufrir.

Como si tengo que esperarla toda la vida, si no es con ella, ya no me voy a ninguna parte.

T.